Empiezo a escribir este post un poco tarde, porque en realidad hace ya una semana que me instalé en mi nueva casa, con la inestimable colaboración de Javi y Balles, por cierto.
La búsqueda de casa en Dublín fue una experiencia interesante, aunque debo aclarar que lo que buscaba era una habitación en un piso compartido, que al precio que está aquí todo, una casa para mí solo es un lujo asiático que no puedo permitirme.
El proceso fue más o menos el siguiente: por las mañanas me levantaba temprano para ver los anuncios de pisos en Internet, seleccionaba unos cuantos que me hubieran gustado y les llamaba o escribía un mail para quedar con ellos e ir a ver la habitación correspondiente. Así conseguía unas tres entrevistas al día, normalmente por la tarde, intentando que estuvieran más o menos próximas para no andar demasiado, aunque esto último no siempre era posible y me he pegado unas caminatas bastante buenas por Dublín, además coincidiendo con la ola de frío y nieve que formaba una capa de hielo en el suelo bastante maja y me hacía temer por mi integridad física en numerosas ocasiones; al final salí indemne, aunque no corrió la misma suerte el paraguas “indestructible” de Elena, lo siento : (.
En total visité 16 casas y la verdad es que algunas de ellas merecerían un post aparte para contar todo lo que vi: como la de los antisociales (“aquí nadie va a querer hablar contigo”, “como mucho nos decimos hola y adiós y a veces ni contestamos”, “puedes pasar varios días sin ver a nadie en la casa”), la del fanático de la biblia (una estantería entera dedicada a libros sobre la biblia, organizaba reuniones para discutir sobre ella e incluso se traía alcohólicos a dormir a la casa), la de los seis polacos que sólo tenía un baño para todos, la del tío más guarro que he conocido (no voy a dar detalles de cómo estaba la casa, además de que me asusta pensar que es posible que la hubiera limpiado un poco puesto que esperaba visita), la que según el anuncio estaba en “el centro al lado de la estación del tranvía”, la del obsesionado con la limpieza, o en las que no había sitio ni para poner una mesilla en la que dejar las gafas y el portátil por las noches.
Otro punto a destacar de esta ciudad es que muchas direcciones tienen a su vez sub-direcciones, como calles dentro de calles o algo así, con lo cual encontrar el sitio exacto a visitar resulta complicado. En una ocasión estuve 40 minutos dando vueltas alrededor de una calle porque no encontraba nada que se llamara Temple Place por allí. Pregunté a unas diez personas diferentes, incluyendo una tienda que había enfrente, un chaval que salía de uno de los portales, unas personas que salían de un edificio llamado Temple House e incluso me metí en una casa de otro edificio sin nombre pensando que era allí, pero no, la anciana que me abrió la puerta con cara de alucinada no era el hombre que alquilaba habitaciones. Hasta que un hombre que debía llevar allí viviendo bastantes años me dijo que probara en otro edificio sin nombre porque le sonaba que allí dentro había apartamentos.
Supongo que alguno os preguntaréis por qué no llamé al casero con el móvil, sí, a mí también se me ocurrió, pero ese día, aprovechando que nevaba y hacía un frío bastante simpático al ir a coger el móvil con los guantes se me cayó y se apagó; eso no hubiera sido mucho problema si no fuera porque tenía mi nueva y recién estrenada tarjeta SIM irlandesa de la cual aún no me sabía el PIN; esto es lo que se conoce como un combo doble de habilidad.
Por cierto, sé que algunos se lo imaginan ya, sí, me he quedado con el maníaco de la limpieza, se llama John y es bastante agradable. Además he descubierto que no es para tanto, se preocupa bastante porque la casa es suya (lo que es una gran ventaja de cara a posibles averías, problemas, etc.), pero en líneas generales es bastante llevadero, limpia si ve algo sucio pero tampoco sufre si en el tostador hay migas como para dar de desayunar a todo un equipo de fútbol o si los cacharros llevan dos días en el escurreplatos, parece que lo que en Dublín es un tipo ultra limpio, en España es una persona normal. Supongo que en la primera entrevista hizo tanto hincapié en la limpieza porque conoce a sus compatriotas y quería evitar a toda cosa a alguien así.
Mi otro compañero es un japonés llamado Maki, lleva ocho años viviendo en Dublín y se ha adaptado perfectamente el estilo de vida: cena muy pronto, normalmente comida para llevar, congelados o algo no muy difícil de preparar, y limpia o compra cosas si se da cuenta de que hacen falta, lo que no suele ser muy a menudo.
Ya iré subiendo fotos de mi casa y de Dublín en futuros posts y os contaré más cosas de mis compañeros a medida que les vaya conociendo.