Desde que estoy aquí me he preguntado muchas veces para qué quiero un blog, si apenas escribo ni cuelgo fotos ni le hago demasiado caso en general; ahora sí lo sé, he tenido la revelación: es para poder contar historias como lo que me pasó la otra noche.
Estábamos David y yo en un antro llamado “Church”, “Iglesia” para los no angloparlantes, que básicamente se trata de una iglesia antigua que han reformado poniendo una barra de bar y una pista de baile en la planta inferior; sigue cumpliendo con su misión original de atraer pecadores, pero no para confesarse precisamente. El caso es que serían alrededor de las dos y media, ya habían quitado la música y encendido las luces cuando nos disponíamos a volver a casa y lamentábamos lo pronto que suelen acabar las noches aquí, cuando se nos acercó una sueca un poco perjudicada por el alcohol que nos empezó a dar conversación y se alegró mucho cuando le dijimos que éramos españoles, ella había estudiado español durante cinco años (aunque no hablaba prácticamente nada) y uno de sus compañeros de piso era un argentino que echaba de menos el poder hablar en castellano, así que después de un rato de charla nos invitó a ir con ellos a su casa que estaba por allí cerca a seguir allí la fiesta con sus compañeros entre los que se encontraban más suecas y algunos americanos. David aceptó en seguida y yo dudé un poco, teniendo muy clara la ley de Murphy para estos casos, es decir, si no iba al día siguiente me enteraría de que me había perdido la mejor fiesta de toda mi vida y si me animaba a ir sería lo más aburrido que me pudiera imaginar. Al final me decidí y aunque se cumplió la ley, no me arrepiento, fue una experiencia interesante y conocí la casa más cutre que he visto en mi vida.
Para empezar el concepto de “cerca” de los suecos es un poco extraño, porque lo que según ellos era “al lado del centro” se convirtió en una caminata de cerca de media hora pasando por partes de Dublín que no había pisado en mi vida; debe de ser que en el barrio sésamo sueco no lo explicaban demasiado claro y se centraban más en cómo apretar la tuerca Järpen en la pieza Maëstrom para formar la estantería Malik, o cosas parecidas que allí son cultura general básica.
La casa, cómo decirlo finamente, era un desastre de limpieza y orden, empezando por la entrada donde había una veintena de zapatos tirados y revueltos, mezclados con bolsas de plástico y ropa. Las habitaciones básicamente colchones hinchables tirados en el suelo y cantidades ingentes de ropa y trastos esparcidos por todas partes; la cocina una especie de pasillo estrecho sin más ventilación que una pequeña ventana; el baño no lo vi pero me contó David que era una letrina simplemente asquerosa, y el salón, a parte del detalle friki de tener una NES encima de la tele, seguía la tónica general de toda la casa: vasos, botellas y latas se amontonaban en una de las mesas junto con restos de tabaco de liar, la moqueta estaba quemada en muchísimos sitios (sospecho que apagaban los cigarrillos en ella directamente, porque vi varias colillas en el suelo y no había un solo cenicero por allí), y ropa encima de la mesa y los sofás, que tiraron al suelo para poder sentarse, por cierto.
Y ahora la descripción de la fiesta en sí, a pesar de que nos habían dicho que en la casa vivían seis o siete personas y que la sueca había invitado a más gente, allí no estábamos más que seis: David, la sueca borracha sociable, otra sueca igualmente borracha pero muy borde, el argentino, un americano de Michigan y yo. David y la sueca sociable estuvieron hablando sin parar durante todo el rato; el americano puso música y de repente se tumbó en el suelo en una postura bastante incómoda, se quedó dormido y empezó a roncar, momento que aprovechó la sueca borde para pegar gritos, con voz cazallera y bastante desagradable, para despertarle; yo intenté hablar con la sueca borde con la sana intención de practicar el inglés e incluso aprender algo de sueco, pero ella prefería seguir gritándole al americano y no hacerme ni caso, así que me puse a hablar con el argentino descubriendo que a los dos nos encantan “Les Luthiers” y acabamos viendo vídeos de ellos en el youtube.
Al final David me hizo un gesto de "cuando quieras nos vamos", le pidió el teléfono a su sueca y nos volvimos a casa comentando las mejores jugadas de la noche. Llegué a casa cerca de las cinco y media, se empezaba a ver un poco de claridad ya, pensando que por lo menos había sido una noche original.
13 abr 2009
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Joe, con ese título me esperaba algo más a verdad... jajaja =P he tenido el "gusto" de conocer un par de suecas en estado de embriaguez y pff!!! tenian un peligrooooo... jaja.
ResponderEliminarBueno, la cuestión es q tienes una historia más de irlanda para contar a los nietos.
Besotes!!
Q pena no haber estado cuando tú y <3 el argentino descubristeis q teníais algo en común para decir:
ResponderEliminar"Muy bien, ya has ligado!!" xD
Practica todo el inglés q puedas, xq otros idiomas veo q no ;-)
Y a ver si te llaman de algún sitio, aunque parece q la cosa tb está malita por alli :-S
Un abrazo!
Lo que mas mola de Villalon es su optimismo y su forma de animar :P
ResponderEliminarNo te preocupes Gus ya verás como encuentras algo pronto!!! Que por suerte Irlanda no es ni España ni Italia!!!
Y dejate ya de suecas y juntate con italianAs que son muuuchooooos mas majas XD
Por cierto te voy a mandar la dirección de una amiga mía que he encontrado hace poco y me ha recordado q vive en Dublin...dice q tiene muchas amigas brasileñas jejje...yo hasta aquí puedo leer :P Como ves tu equipo sigue apoyandote aunq desde lejos! ;)
Sigues contándonos!
Un bacino :*