El tesoro se halla en un templo escondido y custodiado por miles de trampas mortales, en el centro de una selva inexpugnable ubicada en quién sabe qué rincón olvidado por el mundo de los hombres. Al menos eso es lo que cuentan las leyendas que han llegado hasta nuestros días.
La información es parca, escasos los detalles, no explican los terribles peligros que habrá de enfrentar el imprudente que se atreva a buscar el tesoro. Sin embargo un explorador indómito está decidido a conseguirlo, proviene de una larga estirpe de buscadores y además cuenta con una gran ventaja: él sabe que el tesoro existe, él lo vio hace mucho tiempo, se podría decir que en otra vida, en una época muy diferente, cuando aún era considerado un bien útil para la sociedad y no había necesidad de guardarlo ni de protegerlo.
Partiendo de los pocos documentos y mapas que ha podido reunir decide iniciar la aventura, con la ayuda de su inseparable brújula establece el punto de inicio: allí donde el tesoro fue visto por última vez será el lugar donde empezar la reconquista.
Sería complicado narrar los mil y un peligros que ha tenido que afrontar nuestro viajero, con valentía arrostra las dificultades que salen a su encuentro, con diligencia solventa todos los inconvenientes, el tesoro cada vez está más cerca, casi puede sentirlo, será suyo cueste lo que cueste.
Finalmente el explorador logra su objetivo, ya está en el templo, polvo y telarañas cubren todas las paredes, se enfrenta a la última prueba, encuentra el cofre, lo abre y descubre allí reposando el artefacto definitivo, resguardado del paso del tiempo, el objeto que le dará la gloria, con un movimiento certero lo extrae cuidadosamente de su reposo milenario, lo despliega, lo enfrenta a la luz y musita “pensé que nunca llegaría a usar las gafas de sol”.
Disclaimer: Se me va un poco la pinza.
21 abr 2009
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JAJAJA!!! qué grande eres... =) besitos españoles!!!
ResponderEliminarNo me extraña, seguro que eran una way farer de ray-ban.
ResponderEliminarSí, se te va...
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